Julio Majadas Andray

Extremeño de nacimiento, ha vuelto a su tierra después de vagar por diversas y frías ciudades de la meseta al calor de su tierra en el sur de Gredos, en la Vera, hace ahora 8 años. Vive en una finca en mitad del campo, desde la que desarrolla su actividad profesional para la cooperativa que fundó, junto a un grupo de biólogos en 1992, gracias a que existe internet, al teléfono, y a los coches, trenes y autobuses. Estos adelantos de la vida moderna le permiten trabajar y convivir con perros, gatos y una yegua, ver un robledal desde su oficina y ejercer de padre a tiempo completo de un adolescente a punto de volar. Se considera educador ambiental, algo que implica el trabajo directo con todo tipo e personas y colectivos, -incluso políticos,- desde perspectivas participativas y sociales, asignatura que no se daba en la facultad y que ha ido aprendiendo a lo largo de todo este tiempo. Como es consciente de que es educador ambiental vocacional, no sueña ni por asomo con ser rico, algo inviable en su profesión, pero sí en la utopía de dejar un mundo más amable para su hijo.

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